1998, USA, 95 min.
Director: Alex Proyas Guión: Alex Proyas Fotografía: Dariusz Wolski Música: Trevor Jones, Gary Numan Intérpretes: Rufus Sewell, Kiefer Sutherland, Jennifer Connelly, Richard O’brien, Ian Richardson, William Hurt, Colin Friels, Mitchell Butel, Frank Gallacher, Bruce Spence, Melissa George, John Bluthal
Sinopsis: Los strangers controlan las mentes de todas las personas. John Murdoch es el principal objetivo de la caza humana a la que los STRANGERS someten a todo ser viviente. La razón es muy sencilla, Murdoch tiene la habilidad de resistir a los ataques de estos seres ominosos, debido a una mutación genética. La batalla será cruel y larga.









Este resurgir parece tener dos motivaciones: volver a impulsar un género que -sobre todo en la serie B- siempre ha dado buenos resultados económicos, y aprovechar el atractivo insconsciente del fin de siglo (da para reflexiones de todo tipo) y la fiebre consumista por la tecnología del público actual, que le hace más receptivo a este tipo de cine.
En esta película aún hay otro atractivo: el universo gótico, estilizado, ensoñador y muy rico tan querido a su director. Esto unido a lo atractivo del reparto, a lo fascinante del relato y a la disposición de un buen presupuesto la hacían un bocado más que apetecible.
Ecos kafkianos, cierta reminiscencia atormentada (Poe), apuntes sugeridos en varios clásicos modernos (el Terry Gilliam de "Brazil" o "Los héroes del tiempo", el Ridley Scott de "Blade runner" , el Andrei Tarkovski de "Solaris", el Francis Ford Coppola de "Dracula") y en joyas del cine antiguo (el Fritz Lang de "El testamento del Dr. Mabuse" o "M, el vampiro de Düsseldorf", el Don Siegel de "La invasión de los ladrones de cuerpos", el Orson Welles de "El proceso", el George Seaton de "36 horas") y un espectacular diseño y ambientación, parecían presagiar poco menos que una obra maestra.
Una trama interesante pero irregular y hasta superficial, apuntes e ideas en verdad algo desaprovechados, una cierta torpeza en algunos momentos de la narración y un no saber profundizar del todo en el interior de los personajes y en el sentido último del discurso, hacen que la cinta quede como un trabajo visualmente complejo, impresionante, evocador, pero se convierte en un destello único y parcialmente aislado (más que potenciar la historia casi la asfixia).
Película sugerente, llena de claroscuros, atmósfera sofocante y buena interpretación general (Hurt, Connelly, Sutherland, Richardson), tiene la virtud de no enfatizar ni dejarse llevar por la megalomanía o la pretenciosidad cargante, y pese a todo lo anterior, tiene secuencias de indudable fuerza, de incalculable belleza.
Rigurosamente hablando, un film positivo que pudo haber sido una verdadera Obra Maestra, sentimentalmente hablando, un pequeño e importante hallazgo. La recomiendo.