1980, España, 105 min.
Director: Ivan Zulueta Guión: Ivan Zulueta Fotografía: Angel Luis Fernández Música: Negativo Intérpretes: Eusebio Poncela, Cecilia Roth, Will More, Marta Fernandez Muro, Helena Fernan Gómez
Sinopsis: José Sirgado, director de cine de treinta y pocos años de edad, ha terminado su segunda película y se siente profundamente insatisfecho por muy diversas razones. Una puede ser que sus relaciones con el cine no tienen nada que ver con lo que él había imaginado, otra puede ser que la heroína de su largometraje le ha dejado una huella más profunda de lo previsto, o su ruptura con Ana, protagonista de su primera película. Al volver a su casa se encuentra a Ana y a la heroína de su última película, las dos se esperan como si no hubiera pasado nada y José, profundamente alterado, no tarda en caer en la tentación.

(1 votos, 4,00 puntos sobre 5)


DE UN ARREBATO VERDADERAMENTE ARREBATADOR
Decía Don Luis Buñuel en sus imprescindibles memorias (Mi último suspiro) que le disgustaban sobremanera los excesivos y caprichosos análisis e interpretaciones sobre las imágenes de sus películas, ya que las mismas, en su opinión, debían bastar por sí solas: ¿nos conmueven? ¿nos impactan?, es lo único que deberíamos plantearnos. Pero, claro, el poder del cine y de la imagen es tal que requiere de necesarias elucubraciones, más o menos sesudas, más o menos mixtificadas, más o menos sinceras. Vienen a cuento estas consideraciones por la extraordinaria y gratísima sorpresa que me he llevado con la revisión, después de casi veinticinco años, de la película (más bien maldita que de culto) del realizador Iván Zulueta: Arrebato (1980).
Con el correr del tiempo y la supuesta mayor “madurez” cinéfila alcanzada, mi acercamiento al film del director vasco no estaba exento de cierto recelo y desconfianza, pues el recuerdo de la primera visión no era muy afortunado que se diga: un film hecho con una clara voluntad epatante, de indigesto manierismo visual y como dirigido a un público cómplice de movidas, alharacas y otros gatuperios. Sin embargo, como digo, muy otra es la conclusión que saco en esta bendita ocasión. El film está construido de modo magistral con un ritmo narrativo impecable y un virtuoso montaje al servicio del despliegue de una historia fascinante, muy creativa y original con una rutilante hibridación de materiales procedentes de diversos géneros: introspectivo, sociológico, documental, suspense y hasta de terror. Y funcionando perfectamente todos ellos como el reloj de cuco al que se refería Orson Welles (Harry Lime) en El tercer hombre como egregia invención suiza.
La película no sólo es plenamente convincente en el desarrollo de lo que resulta una enajenación embriagadora por la captación de sensaciones únicas con la cámara cinematográfica, sino que, simultánea y progresivamente, asistimos a la conversión de esa trama vital sublimada por el cine en un auténtico prodigio de terror gótico: el cinéfilo interpretado por Will More se troca en una “criatura” frankensteniana destinada a la inmolación y el sacrificio por una pasión bigger than life.
Junto a la historia principal se desarrolla en paralelo una especie de crónica de un desamor que se alimenta/destruye con otro tipo de sublimaciones más dependientes de la química que del poder revulsivo de la imagen (particularmente brillante, en este sentido, el protagonismo del mundo de los cromos -esa maravilla de Las minas del rey Salomón- y de los tebeos), excelentemente interpretada por Eusebio Poncela y Cecilia Roth (ésta en uno de sus primeros papeles en España).
Como dije al principio esta trama de afectos y autodestrucciones se teje con plena eficacia con la incorporación de otros materiales, no tan secundarios como pudieran parecer, muy sugerentes y atractivos con los que Zulueta opera como un auténtico taumaturgo visual: un exquisito gusto en reflejar la dinámica de la infraestructura técnica (máquinas de montaje, proyectores, pantallas, cámaras); un emocionado homenaje al poder fascinante de la imagen (cómics, carteles de películas, documentales, fotografías…); un alarde escenográfico en el rodaje de interiores con movimientos de cámara y angulaciones que sacan un enorme partido a los espacios cerrados; una fotografía “sucia” y granulosa muy descriptiva, de carga psicologista, que no sólo no es molesta, sino que realza y refuerza el estilo seductor y sugerente del cineasta guipuzcoano y, finalmente, una música envolvente, horrísona por momentos, pero eficazmente horripilante en el curso de la historia.
En definitiva, una película excelente que rezuma por todos sus poros un profundo amor por el cine y que se percibe, al día de hoy, precisamente por la inadmisible marginación sufrida desde su estreno, tanto por ella como por su director , como una contundente denuncia contra un cine acomodaticio y miserable como, a veces, ha resultado ser el español.
Dificilísimo hacer una crítica de esta cinta, como no sea para decir que es una maravilla, aunque no me atrevo a recomendarsela a nadie conocido. El motivo es que no tiene argumento convencional. Es algo surrealista, fantasmagórico, lleno de símbolos.
Es terror en estado puro, pero tambien son otras muchas cosas. Sin embargo al estar contado todo de una forma muy poco convencional, puede no gustar absolutamente nada al espectador. Es de las que “arrebatan”, de las que subyugan ó de las que mandas a paseo.
Premios:
- FC Oporto (82): mejor actor (Eusebio Poncela), Mejor guión (Iván Zulueta), Mejor película.
GENIAL.
Obras así son necesarias para todos